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8 estrellas 8.1
Puntuación usuarios
9 estrellas 9.1
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El demonio y la carne (1926)

Título original: Flesh and the Devil (EE.UU.)

Género: Películas > Drama / Romántico

Director: Clarence Brown.

Duración: 112 minutos.

 

Resumen:

Una seductora mujer (Garbo) se interpone entre dos oficiales austriacos que la pretenden, Leo y Ulrich, ambos amigos desde la infancia. (Filmaffinity)

Actores:

John Gilbert, Greta Garbo, Lars Hanson, Barbara Kent.

Comentarios (1)
Merceditas10
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"Un pasado imperecedero... una "amistad" eterna
Más apreciado por los japoneses que por sus compatriotas alemanes, Hermann Sudermann (1857-1928) fue un prolífico escritor que, durante algunos años, resultó de gran interés entre los productores y directores cinematográficos, cuando se le dio un alto reconocimiento por las versiones cinematográficas que, de sus novelas, hicieran primero Clarence Brown, adaptando " war" (1894), trasladada al inglés como "The undying past" y fílmicamente titulada "EL DEMONIO Y LA CARNE". Después vendría otro gran éxito, "Amanecer" (1927), historia que F. W. Murnau convertiría en una obra maestra, y desde entonces, ya Sudermann era otro de esos escritores a los que había que revisar a la hora de estar necesitando guiones.
Entre sus otras obras adaptadas al cine, se cuenta también "El cantar de los cantares" uno de los filmes menos decantados que pudo realizar el gran Rouben Mamoulian, y "Heimat" de la cual -como de la anterior- se han hecho también varias versiones, siendo quizás la mejor la de Carl Froelich, en el año 1938.
De cierta inspiración nietzscheana -pues Sudermann se sintió atraído por las aseveraciones que hace el filósofo acerca del superhombre en su libro "Consideraciones intempestivas", donde dice cosas de este talante: "el remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra, una simpleza"-, "EL DEMONIO Y LA CARNE" pesa sobre todo como una apología de la amistad (aquí sugerida como una factible e intensa relación homosexual) y la manera como don Luci hace de las suyas, en su retadora prueba de jugar a sacarnos del buen camino de una manera u otra.
El pastor Voss lo dirá muy a su estilo, pero no carente de verdad: "Cuando el diablo no puede alcanzarnos a través del espíritu, se vale de alguna mujer suficientemente bella para conseguir atraparnos por medio de la carne".
Así, la historia se forja como un triángulo amoroso, en el que dos grandes amigos desde la infancia, Leo von Harden y Ulrich von Eltz, quienes se juraron fidelidad entrecruzando sangre con sangre... de pronto y sin conocimiento de causa, terminarán en medio de una misma mujer, Felicitas von Rhaden, quien se debatirá entre el amor que siente por uno de ellos y el profundo respeto que le inspira su mejor amigo.
Todo esto luce bien contado, en un estilo dramático y romántico bien dosificado, pero lo mejor de todo es ese profundo esmero del director Clarence Brown, quien, teniendo el privilegio de ser el primer americano en dirigir a la nueva importación sueca, Greta Garbo, decide convertir cada plano en una obra de arte con significado directo y con contenido latente. El filme te exige ver más de lo que a primera vista ves, pues más allá de los movimientos, gestos y palabras, reluce ese casi siempre artificial, pero estéticamente muy válido relacionamiento entre los sujetos y la profundidad de campo (la mano crispada del conde von Rhaden que parece atrapar a la pareja infiel); entre la profundidad de campo y la figuras fuera de foco (el duelo entre Leo y el conde); entre los objetos y el pensamiento (el pastor arrugando la hoja que le recordaba hablar del amor al prójimo, cuando ve entrar en el templo a Leo con Felicitas del brazo).
Con esto, más el efectivísimo uso de la luz, más las bien pensadas sobreimpresiones (el regreso de Leo en tren es muy poético)... y ese sutil manejo de las relaciones entre los protagonistas permitiendo indistintamente afirmar y denegar, "EL DEMONIO Y LA CARNE" resplandece como una obra artística de gran valía, teniendo solo en contra las poco solventes actuaciones masculinas, porque lo que es Greta Garbo, bien que colma cada plano con magnetismo a borbotones.
Y el desenlace... pareciera bien difícil de imaginarlo, pero no lo es cuando se consigue adivinar lo que, durante todo el filme, muy sutilmente se insinúa.
Termino con mi indefectible reconocimiento a Barbara Kent (Hertha), una presencia que luce grata en cualquier película."[Luis Guillermo Cardona (Filmmafinity)]