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7 estrellas 7.0
Puntuación usuarios
6 estrellas 6.4
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Una cuerda, un Colt (Cementerio sin cruces) (1969)

Título original: Une corde, un Colt... (Francia, Italia, España)

Género: Películas > Western

Director: Robert Hossein.

Duración: 87 minutos.

 

Resumen:

Implacablemente perseguido por la familia Rogers tras una disputa sobre ganado, Ben Caine es llevado a su rancho. A pesar de las súplicas desesperadas de su esposa María, los Rogers cuelgan a Ben, obligándola a ver el crimen. María, consumida por la venganza, solicita la ayuda de Manuel, un pistolero errante preocupado por su pasado.

Actores:

Michèle Mercier, Robert Hossein, Guido Lollobrigida, Daniele Vargas, Serge Marquand, Pierre Hatet, Philippe Baronnet, Pierre Collet, Ivano Staccioli, Béatrice Altariba, Michel Lemoine, Anne-Marie Balin, Simón Arriaga, José Canalejas, Álvaro de Luna.

Comentarios (2)
nomegustanpies
nomegustanpies
No suelo hacerlo, pero después de leer el comentario aportado por andoniaa, traigo una crítica de otra persona con la que comparto su opinión.

Copio y pego la crítica de otra persona con la que comparto opinión.

En esta película hay un silencio casi tan grande como en El gran silencio de Sergio Corbucci. Se conoce que el grueso del italowestern pivota mayoritariamente sobre la venganza y poca gente ha tratado tan bien este eterno tema como Robert Hossein con Una cuerda, un colt. Y lo hace gravemente, con los silencios que requiere. No en vano, al principio de la película, el propio Robert Hossein %u2013que aparte de director es la estrella en funciones%u2013, suelta la sentencia %u201CLa venganza es una planta maldita que da frutos amargos para todos%u201D. Ahí lo tienen, un resumen de la obra en 12 palabras. Y es que en esta película se habla más bien poco. Poquísimo, para ser sinceros. Si juntáramos todas las lineas de dialogo del tirón nos darían para unos escasos 10 minutos siendo generosos. Esto va de jugar con los silencios, de obviar las elipsis o potenciarlas en determinados puntos clave. Esto es serio. Y además se aprecia el empeño por rodar un western reflexivo y pausado, con una narrativa diferente y una calidad cinematográfica por encima de la media. Silencios, largas miradas entre personajes y mucha violencia contenida. En este spaghetti western el ser humano cae muy bajo. Aquí no encontramos ni buenos ni malos, solo gente movida por el odio o por la avaricia. Vale, y también por el amor, pero por ese amor que hiere, un amor que puede hacerte cómplice de la injusticia. Al principio de Una cuerda, un colt los Rogers (una poderosa familia de terratenientes) ahorcan al marido de María (Michele Mercier) sin demasiadas contemplaciones. Esta se irá a buscar a Manuel (Robert Hossein), un pistolero con quien mantuvo una relación en el pasado y que todavía está enamorado de ella, para pedirle que ejecute su venganza. Manuel vive en un polvoriento pueblo fantasma que se cae a trozos y acepta el amargo encargo de María, llegando a permitir la violación de la hija de los Rogers (Anne-Marie Balin), a la que han secuestrado como parte del plan. Ya ven por donde van los tiros (nunca mejor dicho). La escena del abuso a puerta cerrada, en la que solo vemos lo que sucede en el exterior de la vivienda, es magnifica e insidiosa a partes iguales. El duelo de miradas entre María y Manuel, los lentos travellings hacia sus estáticas figuras, la recriminación, la impotencia, la resignación, y otra vez el silencio. Y todo ello acompañado de una guitarra penetrante con pequeñas entradas orquestales. De hecho, si exceptuamos el tema principal, casi toda la banda sonora está conformada por una solitaria guitarra punteada que sirve para sustentar muchos de estos silencios hirientes. Una cuerda, un colt es de los spaghetti westerns más graves que he visto. Se toma ciertas licencias %u2013como la del guante negro que se pone el protagonista cada vez que se ve obligado a disparar%u2013, pero ¿que sería una película de este tipo sin esas pequeñas chucherías? Además, Manuel vive en un pueblo fantasma y eso me parece glorioso. El guión está trabajado y es coherente de inicio a fin. Dario Argento, que poco más tarde se convertiría en uno de los popes del terror italiano, aparece acreditado como guionista junto a Robert Hossein, pero parece que poco tuvo que ver con el mismo. Quien sí estuvo en el meollo fue su gran amigo Sergio Leone, a quien Hossein no solo dedica la película sino que permite dirigir una escena (la de la muda cena de Manuel con los Rogers, solo rota por el ruido de los cubiertos y los platos). Y que final, señores y señoras. Que final. Aceptación de culpa y resignación elevada a la máxima potencia. No podía acabar de otra manera. Poca broma con esta olvidada película.